ACTO PRIMERO


DON SALUSTIO


El salón de Danae en el palacio real de Madrid. Mobiliario magnífico, al gusto semi-flamenco de la época de Felipe IV. Á la izquierda, ventana grande con marco dorado y cristales pequeños; á cada lado una puertecilla que comunica con alguna habitación interior; en el fondo, galería de cristales con puerta grande; esta galería atraviesa todo el teatro, y está oculta por inmensos cortinajes. Una mesa, un sillón y recado de escribir.

Don Salustio entra por la puertecilla de la izquierda, seguido de Ruy Blas y de Gudiel, que lleva una maleta y algunos paquetes, como si fuera de viaje. D. Salustio viste traje de terciopelo negro al estilo de la corte de Carlos II, ostentando en el cuello el Toisón de oro; lleva ferreruelo muy rico, de terciopelo claro, bordado de oro y con forro negro de seda; espada con empuñadura de cazoleta, y sombrero con plumas blancas. Gudiel viste también de negro, y lleva espada. Ruy Blas va de lacayo: calzón corto, jubón pardo, galones de oro y la cabeza descubierta. Sin espada.

ESCENA I

DON SALUSTIO DE BAZÁN, GUDIEL y RUY BLAS

D. Salustio.—Ruy Blas, cerrad la puerta y abrid esa ventana. (Ruy Blas obedece, y á una señal de D. Salustio sale por la puerta del fondo, mientras éste se dirige á la ventana.) Aún duermen todos aquí, pero ya despunta el alba. (Se vuelve bruscamente hacia Gudiel.) ¡Ah, ha sido un rayo!... Sí, mi reinado ha concluído, Gudiel... ¡Estoy en desgracia; me han expulsado! ¡Ah, perderlo todo en un día! La aventura es aún secreta; no hables de ello. ¡Y todo por amoríos con una doncella, harto impropios á mi edad, convengo en ello! ¡Seducida! ¡Vaya una desgracia! Porque esa muchacha es camarista de la reina y vino con ella de Neuburgo, reclama contra mí; presenta á su hijo en la cámara real; se me ordena casarme, rehuso y me destierran. ¡Sí, me destierran! ¡He aquí el desenlace al cabo de veinte años de incesante trabajo día y noche, de veinte años de ambición, después de haber sido alcalde de casa y corte, cuyo nombre no pronunciaba nadie sin temor, y jefe de la casa de Bazán! ¡Mi crédito, mi poderío, todo cuanto soñaba, cargos, empleos, honores, todo se hunde en medio de las carcajadas de la multitud!