D. Salustio (que los observa en el fondo).—¡Diablo!
Ruy Blas (moviendo la cabeza en señal de negativa).—No; el corazón es lo que quisiera tener libre; mi suerte está echada, y debo permanecer aquí.
D. César.—Bien, obra como te plazca. Sólo Dios sabe si tú eres el loco y yo el sabio.
(Recoge el dinero, lo echa en la bolsa y se la guarda.)
D. Salustio (en el fondo del teatro, aparte, y observando siempre).—Poco más ó menos el mismo rostro y el mismo aire.
D. César (á Ruy Blas).—¡Adiós!
Ruy Blas.—Toca estos cinco.
(Se estrechan la mano. D. César sale sin ver á D. Salustio, que permanece retirado.)
ESCENA IV
RUY BLAS, D. SALUSTIO