D. Salustio.—De las Indias.
El marqués de Santa Cruz (examinando á Ruy Blas).—En efecto, es el mismo.
D. Salustio.—¿Le reconocéis?
El marqués de Santa Cruz.—¡Pardiez! como que le he visto nacer.
D. Salustio (en voz baja á Ruy Blas).—El buen hombre está ciego, y sólo os reconoce para hacer creer que no lo es.
El marqués de Santa Cruz (ofreciendo la mano á Ruy Blas).—Venga esa mano, primo.
Ruy Blas (inclinándose).—¡Señor!
El marqués de Santa Cruz.—Me complace mucho veros.
D. Salustio (en voz baja al marqués y aparte).—Voy á pagar sus deudas; vos podréis servirle en el cargo que desempeñáis: si en la corte vacase algún cargo, cerca del rey ó de la reina...
El marqués de Santa Cruz (en voz baja).—Es un joven encantador, y pensaré en ello. Además, pertenece á la familia.