Ruy Blas (aturdido, en voz baja á D. Salustio).—¿Y qué más ordenáis, señor?

D. Salustio (mostrándole á la Reina, que cruza lentamente por la galería).—Que hagáis lo posible por agradar á esa mujer y ser su amante.

ACTO II


LA REINA DE ESPAÑA


Salón contiguo á la cámara de la reina; á la izquierda una puertecilla de comunicación, y á la derecha otra que conduce á las habitaciones exteriores. En el fondo grandes ventanas abiertas. Es la tarde de un hermoso día de verano. Mesa grande, sillones; la imagen de una Santa, con un rico marco, adornan una de las paredes: es «Santa María Esclava». En el lado opuesto una imagen de la Virgen, iluminada por la luz de una lámpara de oro; más allá un retrato de cuerpo entero del rey Carlos II.

Al levantarse el telón, la reina doña María de Neuburgo está sentada en un extremo junto á una de sus damas, joven y hermosa. La reina viste de blanco, con falda de tejido de plata. Está bordando y se interrumpe á intervalos para hablar. En el lado opuesto, sentada en un sillón, doña Juana de la Cueva, duquesa de Alburquerque, camarista mayor, con su labor en la mano; es una anciana vestida de negro. Cerca de ella, varias dueñas, sentadas á una mesa, trabajan también. En el fondo está D. Guritán, conde de Oñate, mayordomo, alto, enjuto, con bigote gris; es hombre de unos cincuenta años y tiene aspecto de militar veterano, aunque viste con exagerada elegancia y lleva cintas hasta en los zapatos.