Casilda.—Son las lavanderas que cantan á lo lejos.
(Las voces se acercan, y óyense las palabras. La Reina presta atención.)
No escuches, niña, en el bosque,
el canto del ruiseñor,
que si dulces son sus trinos,
aún es más dulce tu voz.
No envidies de las estrellas
el luminoso fulgor,
que son tus ojos luceros
que deslumbran como el sol.