La Reina (aparte).—¡Es un socorro del cielo!... (En voz alta.) ¡Dad pronto!... (Volviéndose hacia el retrato del rey.) ¡Gracias, señor! (Á la Duquesa.) ¿De dónde viene esa carta?

La Duquesa.—Señora, del Pardo, donde el rey caza.

La Reina.—En el fondo de mi alma le doy gracias. Ha comprendido que en mi aislamiento necesitaba una palabra de amor que de él viniese. Dadme la carta...

La Duquesa (haciendo una reverencia, enseña la carta).—Preciso es haceros presente que, según costumbre, yo soy quien debe abrir la carta primero y leerla.

La Reina.—¿También eso? ¡Pues bien, leed!

(La Duquesa toma la carta y la desdobla lentamente.)

Casilda (aparte).—Veamos ese billete amoroso.

La Duquesa (leyendo).—«Señora, aunque hace mucho viento, he matado seis lobos.—Firmado, Carlos.»

La Reina (aparte).—¡Ay de mí!

D. Guritán (á la Duquesa).—¿Es eso todo?