El Conde.—¡Á todo!
La Reina.—¡Pues bien! jurad que para complacerme haréis al punto lo que os diga.
El Conde.—¡Por el santo rey Gaspar, mi venerado patrón, os lo juro! Ordenad; obedezco, ó muero.
La Reina (cogiendo la cajita).—Pues bien; saldréis de Madrid inmediatamente para llevar esta cajita de sándalo á mi padre, el elector de Neuburgo.
El Conde (aparte).—¡Estoy cogido! (En voz alta.) ¿Á Neuburgo?
La Reina.—Á Neuburgo.
El Conde.—¡Seiscientas leguas!
La Reina.—Quinientas cincuenta. (Mostrando la cubierta que resguarda la caja.) Tendréis cuidado de estas franjas azules, porque se podrían deteriorar en el camino.
El Conde.—¿Y cuándo he de marchar?
La Reina.—En el acto.