El Conde.—Permitidme que sea mañana.
La Reina.—No puedo consentirlo.
El Conde (aparte).—¡Estoy cogido! (En voz alta.) Pero...
La Reina.—¡Marchad!
El Conde.—¡Cómo!
La Reina.—Me habéis dado vuestra palabra.
El Conde.—Es que un asunto...
La Reina.—No admito excusa.
El Conde.—Para un objeto tan frívolo...
La Reina.—¡Despachad!