D. César (tomando la espada).—Vamos allá; cuando se me presenta un buen desafío no lo dejo escapar.
D. Guritán.—¡Oh!
D. César.—Detrás del muro hay un callejón desierto.
D. Guritán (probando la punta de la espada en el suelo).—Como á César de Bazán os mataré.
D. César.—¿Lo creéis así?
D. Guritán.—Es posible.
D. César (doblando también la punta de la espada).—¡Bah! muerto uno de los dos, os desafío á que matéis á don César.
D. Guritán.—¡Salgamos!
(Salen, y se oye el ruido de sus pasos que se alejan. Por una puertecilla oculta, practicada en el muro, se ve salir á D. Salustio.)