D. Salustio (aparte).—¡Demonio! ¿Qué habrá hecho?
D. César (riendo cada vez con más fuerza).—Aquel hombre del saco de dinero... que venía para el negocio... para aquello que sabéis...
(Se ríe.)
D. Salustio.—¿Y bien, qué?
D. César.—Lo he embriagado.
D. Salustio.—Pero ¿y el dinero que llevaba?
D. César (majestuosamente).—He hecho varios regalos á ciertas personas. ¡Pardiez, siempre se tienen amigos!
D. Salustio.—De mí sospechas injustamente... Yo...
D. César (haciendo sonar sus gregüescos).—Por lo pronto he llenado mis bolsillos, como podréis comprender. (Vuelve á reirse.) Ya sabéis... aquella dama...
D. Salustio.—¡Oh!