D. Salustio (señalando á D. César).—Que ese es el famoso ladrón Matalobos.
D. César (estupefacto).—¡Cómo!
D. Salustio (aparte).—Todo se salva si puedo ganar veinticuatro horas. (Al alcalde.) Ese hombre ha osado penetrar en estas habitaciones en pleno día. ¡Prended al ladrón!
(Los alguaciles cogen á D. César por el cuello.)
D. César (furioso, á D. Salustio).—¡Mentís como un bellaco!
El alcalde.—¿Quién nos llamaba?
D. Salustio.—Yo.
D. César.—¡Esto es demasiado!
El alcalde.—¡Vamos, callad!
D. César.—¡Yo soy don César de Bazán!