D. Salustio.—¿Don César? Mirad su capa, si os place, y hallaréis el nombre de Salustio en el cuello; esa capa es la que me acaba de robar.

(Los alguaciles se apoderan de la capa, el alcalde la examina.)

El alcalde.—Es verdad.

D. Salustio.—Y el jubón que lleva...

D. Salustio.—¡Prended al ladrón!

D. César (aparte).—¡Ah traidor!

D. Salustio (continuando).—Es del duque de Alba, á quien se lo robó.

(Mostrando un escudo bordado en la manga izquierda.)

D. César (aparte).—¡Ese hombre es un demonio!