Ruy Blas (ansioso).—¡Decid pronto!

La Reina.—Una carta.

Ruy Blas.—¿De mí?

La Reina.—De vuestro puño y letra.

Ruy Blas.—¡Esto es para volverse loco! Pero ¡si yo no he escrito; estoy seguro de ello!

La Reina (sacando del seno un billete y mostrándolo).—Leed, pues.

(Ruy Blas toma el billete con viveza y acércase á la luz.)

Ruy Blas (leyendo).—«Un peligro terrible me amenaza, y sólo mi reina puede conjurar la tempestad...»

(Mira la letra con estupor, cual si no pudiera proseguir.)

La Reina (continúa, mostrando con el dedo la carta que lee).—«viniendo á mi casa esta noche. De lo contrario, estoy perdido.»