Ruy Blas.—¿Quién?
La Reina.—Un hombre enmascarado, oculto por la pared.
Ruy Blas.—¡Enmascarado! ¿Y qué ha dicho ese hombre? ¿Quién puede ser? ¿Era alto? ¡Vamos, hablad!...
(En la puerta del fondo aparece un hombre vestido de negro.)
El enmascarado.—¡Era yo!
(Se quita el antifaz: la Reina y Ruy Blas reconocen con terror á D. Salustio.)
ESCENA III
Los mismos, D. SALUSTIO
Ruy Blas.—¡Gran Dios!... ¡Huíd, señora!
D. Salustio.—Ya no es tiempo; la señora de Neuburgo ha dejado de ser reina de España.