Oloferno.—¿Estás invitado á cenar esta noche en casa de la princesa Negroni?

Jeppo.—Sí.

Oloferno.—Pues yo también.

Ascanio.—Y yo también.

Apóstolo.—Y yo también.

Maffio.—Y yo también.

Gubetta (saliendo de la sombra del pilar).—Y yo también, señores.

Jeppo.—¡Toma, he ahí al señor de Belverana! Perfectamente: iremos todos juntos; será una alegre velada. Buenos días, señor de Belverana.

Gubetta.—Largos años os guarde Dios, señores.

Maffio (por lo bajo á Jeppo).—Te voy á parecer muy tímido, Jeppo; pues bien: si quisiérais creerme, no iríamos á esa cena. El palacio Negroni está contiguo al palacio ducal y no tengo gran confianza en la amabilidad de ese señor Belverana.