(Le mira con angustia; él aparta la vista.)

Genaro.—Señor duque, soy un simple capitán y os hablo con el respeto que conviene. Vuestra Alteza me ha hecho prender en mi alojamiento esta mañana: ¿qué me queréis?

Alfonso.—Señor capitán, se ha cometido esta mañana un crimen de lesa majestad frente á frente de la casa que habitáis. El nombre de nuestra bien amada esposa y prima doña Lucrecia Borgia ha sido insolentemente mutilado en la fachada de nuestro palacio ducal. Buscamos al culpable.

Lucrecia.—No es él; hay un error, don Alfonso. No es ese joven.

Alfonso.—¿Cómo lo sabéis?

Lucrecia.—Estoy segura de ello. Este joven es de Venecia y no de Ferrara. Así...

Alfonso.—¿Y qué prueba eso?

Lucrecia.—El hecho ha ocurrido esta mañana y yo sé que él ha pasado aquellas horas en casa de una joven llamada Fiametta.

Genaro.—No, señora.

Alfonso.—Ya ve Vuestra Alteza que ha sido mal informada. Dejadme que le interrogue. Capitán Genaro, ¿sois vos quien ha cometido el crimen?