Genaro.—¡Monseñor, Dios os conserve!
(Bebe.)
Lucrecia (aparte).—¡Cielos!
Alfonso (aparte).—Ya está. (Alto.) Y con esto, os dejo, capitán. Partiréis para Venecia cuando queráis. (Bajo, á Lucrecia.) Dadme las gracias, señora, os dejo á solas con él. Debéis tener que despediros. Vivid con él, si así os parece, su último cuarto de hora.
ESCENA VI
LUCRECIA, GENARO
(Vese siempre en el compartimiento á Rustighello, inmóvil detrás de la puerta secreta.)
Lucrecia.—¡Genaro! ¡Estáis envenenado!
Genaro.—¡Envenenado, señora!
Lucrecia.—¡Envenenado!