La segunda decoración. La plaza de Ferrara con el balcón ducal á un lado y la casa de Genaro al otro. Es de noche.
ESCENA I
D. ALFONSO, RUSTIGHELLO, embozados en sus capas
Rustighello.—Sí, monseñor, así ha pasado esto. Con no sé qué filtro le ha vuelto á la vida y le ha hecho huir por el patio del palacio Negroni.
Alfonso.—¿Y tú has sufrido eso?
Rustighello.—¿Cómo estorbarlo? Había corrido el cerrojo de la puerta. Yo estaba encerrado.
Alfonso.—Era menester echar la puerta abajo.
Rustighello.—Una puerta de encina; un cerrojo de hierro. ¡Fácil cosa!
Alfonso.—¡No importa! Era preciso romper el cerrojo, entrar y matar á ese hombre.