Maffio.—No. Vengo sólo á decirte dos palabras. ¿Decididamente no vienes á cenar con nosotros á casa de la princesa Negroni?

Genaro.—No estoy invitado.

Maffio.—Yo te presentaré.

Genaro.—Hay otra razón que debo decirte. Me marcho.

Maffio.—¿Cómo, partes?

Genaro.—Dentro de un cuarto de hora.

Maffio.—¿Por qué?

Genaro.—Te lo diré en Venecia.

Maffio.—¿Cuestión de amores?

Genaro.—Sí, cuestión de amor.