Genaro.—¡Buena precaución, en efecto!
Maffio.—¡Pardiez, hermano Genaro, he aquí la primera palabra que pronuncias desde que comenzó la cena, y nunca bebes! ¿Piensas en Lucrecia Borgia? Decididamente tienes algún amorío con ella: no lo niegues.
Genaro.—¡Dame de beber, Maffio! No abandono á mis amigos ni en la mesa ni en el juego.
Un paje negro (con dos frascos en la mano).—Señores, ¿queréis vino de Chipre ó de Siracusa?
Maffio.—De Siracusa; es el mejor.
(El paje negro llena las copas.)
Jeppo.—¡Por vida de Oloferno! ¿No volverán esas damas? (Se dirige sucesivamente á las dos puertas.) ¡Están cerradas por fuera, señores!
Maffio.—¿Tendréis miedo á vuestra vez, Jeppo? No quieren que las persigamos. Es muy natural.
Genaro.—¡Bebamos, señores!
(Se oye el choque de las copas.)