(Los monjes salen procesionalmente, conduciendo entre sus filas á los cinco caballeros vacilantes y aturdidos.)

ESCENA III

GENARO, LUCRECIA

(Sólo iluminan la sala algunas lámparas moribundas, y se han cerrado las puertas. Lucrecia y Genaro, solos, se miran algunos instantes en silencio, como no sabiendo por dónde comenzar.)

Lucrecia (hablándose á sí misma).—¡Es Genaro!

Canto de los monjes (fuera).—Nisi Dominus ædificaverit domum, in vanum laborant qui ædificant eam.

Lucrecia.—¡Otra vez vos, Genaro! ¡Habréis de estar siempre allí donde descargo mis golpes! ¡Santo cielo! ¿cómo os habéis mezclado en todo esto?

Genaro.—Lo sospechaba.

Lucrecia.—¡Otra vez estáis envenenado, y vais á morir!

Genaro.—Si quiero... tengo el antídoto.