Maffio.—¿Y quién era esa mujer?
Gubetta.—Su hermana.
Jeppo.—Basta, señor de Belverana; no pronunciéis ante nosotros el nombre de esa mujer monstruosa; ni una sola de nuestras familias ha dejado de ser objeto de sus iniquidades.
Maffio.—¿No había de por medio alguna criatura?
Jeppo.—Sí, un niño, hijo de Juan Borgia.
Maffio.—Ese niño sería ahora un hombre.
Oloferno.—Ha desaparecido.
Jeppo.—¿Fué César Borgia quien consiguió sustraerlo á la madre, ó fué ésta quien se lo quitó á César? Nadie ha sabido contestar á esta pregunta.
Apóstolo.—Si es la madre quien oculta al hijo, hace bien. Desde que César Borgia llegó á ser duque de Valentinois, ha mandado dar muerte, como ya sabéis, sin contar á su hermano Juan, á sus dos sobrinos, á los hijos del príncipe de Esquilache, y á su primo, el cardenal Francisco Borgia: ese hombre tiene la fiebre de matar á sus parientes.
Jeppo.—¡Pardiez! quiere ser el único Borgia, á fin de heredar todos los bienes del papa.