Scarpia

¿Demonio? Sea... Acepto el calificativo... Por lo mismo que soy un demonio tengo impulsos satánicos y goces infernales. Sí, quiero saborear el supremo placer de sentir tu alma indignada doblegarse ante mí, hasta quedar rendida... ¿Qué venganza mejor puedo tomar de tus ultrajes? ¿Qué refinamiento más delicado para un demonio que verte batallar inútilmente entre el dolor y la cólera, hasta caer vencida? ¿Y dices que me odias? Eso es lo que yo esperaba de ti, un odio mortal, implacable, feroz, y me prometo una alegría diabólica, al mirarte a mis pies, suplicante, entre los últimos espasmos de tu rencor impotente.

Floria

(Atónita y mirándole con horror.) ¿Pero qué especie de monstruo eres tú? ¿De qué lodo infecto te han hecho? ¿Qué fiera te ha engendrado?

Scarpia

Sigue... sigue... Más... más... ¡aún más!... Continúa escarneciéndome... ¡Nunca me parecerán bastantes tus insultos!... Vamos, no te detengas... Amontona contra mí las injurias más expresivas, abofetéame el rostro con los dicterios más repugnantes, escúpeme a la cara los insultos más soeces... Todo eso no servirá más que para encender la hoguera de la pasión que arde en mi pecho. (Trata de abrazarla.)

Floria

(Retrocediendo espantada.) ¡Atrás! ¡No te acerques! ¡Socorro! ¡A mi! ¡A mí!

Scarpia

No acudirá nadie. Te cansas en vano. (Acercándose al balcón.) Mira... Los primeros fulgores de la mañana empiezan a colorear el horizonte. Tu Mario, tu idolatrado Mario, solo tiene ya un cuarto de hora de vida.