Al mundo el Dios que guerras siembra y llamas;
Y á Pálas más allá, broquel y cota
En que esplenden auríferas escamas,
Tersan tambien, donde el que mira nota
De hidras feroces peregrinas tramas
Y, apto á que el pecho á la deidad defienda,
Segado vulto de mirada horrenda.
LXXXVIII.
«Alzad,» dijo llegando el Dios herrero,
«Cuanto empezado habeis, Ciclopes mios;