Mezencio su dolor; las palmas tiende

Al cielo; el hijo entre sus brazos prende.

CLXXVIII.

«¿Tanto el halago de existir convida,»

Dice, «y tanto obró en mí, que al enemigo

Te entregué en mi lugar, prenda querida?

¡Y yo (¡padre infeliz!) viviendo sigo!

¡El hijo que engendré me da esta vida,

Yo la muerte le doy! Siento y maldigo

El peso horrendo de mi suerte ingrata;