X.

»Y yo, que entre los Númenes campeo
De los Númenes todos soberana;
Yo, que los altos títulos poseo
De consorte de Júpiter y hermana,
Ya tantos años há que en lid me empleo
Con solo un pueblo, y mi insistencia es vana!
¿Y habrá de hoy más quien me venere? ¿alguno
Que humilde ofrende en el altar de Juno?»

XI.

Tal medita la Diosa, y sus sollozos
Ahogando en su furor, á Eolia vuela,
Region nublada en lóbregos embozos,
Region que aborta la hórrida procela:
Eolo allí en inmensos calabozos
Las roncas tempestades encarcela
Y los batalladores aquilones,
Y hace pesar su imperio en sus prisiones.

XII.

Ellos dentro la hueca pesadumbre
Ruedan bramando, amenazando estrago;
Él, cetro en mano, sobre la alta cumbre,
Resuelve en aire el comprimido amago,
Que si aquella legion de servidumbre
Salir lograse, por el éter vago
La tierra, el mar, el ámbito profundo
Rauda barriera aniquilando el mundo.

XIII.

El alto Jove recelando eso,
Al ejército aéreo abrió esta sima,
Y ahí en tinieblas le envolvió, y el peso
De altísimos collados le echó encima;
Y un rey impuso al elemento opreso
Que con tacto severo, ya reprima,
Ya dé medida libertad. Ahora
Juno ante él llega, y su favor implora:

XIV.

«Éolo, á quien el Rey de cielo y tierra
Calmar concede y sublevar los mares,
Oye: aquel pueblo á quien juré la guerra,
Surca el Tirreno, y sus vencidos lares
Lleva, y su imperio, á Italia. Desencierra,
Éolo, tus alados auxiliares,
Y envíalos con ímpetus violentos
A romper naves y á esparcir fragmentos.