XV.
»Catorce Ninfas sírvenme doncellas,
De hermosura dotadas milagrosa;
La que en encantos sobresale entre ellas,
Deyopeya gentil, será tu esposa:
Eternas gozarás sus gracias bellas;
Yo te la doy, porque de prole hermosa
Afortunado fundador te haga;
Y así el favor mi gratitud te paga.»
XVI.
Éolo reverente la responde:
«Reina, escudriña cuanto ansiar pudieres,
Dí cuanto oculta voluntad esconde,
Pues son tus voluntades mis deberes.
De ti no fuesen dádivas, ¿de dónde
Mi cetro, mi privanza, mis poderes?
Tú en las mesas olímpicas me sientas;
Rey por ti soy de rayos y tormentas!»
XVII.
Dice; y la hueca mole con el cuento
Hiere del cetro, y la voltea á un lado;
Y al ver el ancha puerta, cada viento
Quiere salir primero alborotado;
Y Noto á un tiempo, y Euro, y turbulento
Abrego con borrascas, monte y prado
Corren, barren el suelo, al mar se entregan,
Y ondas abultan que la playa anegan.
XVIII.
Y remueven el ponto, el ponto gime;
Y silban cuerdas y la gente clama;
Roba las formas y la luz suprime
La oscuridad que en torno se derrama;
Noche tremenda el horizonte oprime;
El éter cruza intermitente llama;
Truena el polo, y suspenso el navegante
La pompa del terror tiene delante.
XIX.
En este instante de la muerte el hielo
Siente Enéas que embarga sus sentidos,
Y entrambas manos extendiendo al cielo,
Clama con voz ahogada entre gemidos:
«¡Dichosos, ay, los que en el patrio suelo,
Al pié del alto muro, en liza heridos,
A vista de sus padres espiraron,
Y allí cual buenos su mision finaron!