¡Oh raíz de infortunio, hora funesta!
No alimenta en su amor furtiva llama
La Reina ya, ni miramiento presta
A lo que honor ó la opinion reclama:
Por velo da á su culpa manifiesta
Nombre de matrimonio. Y ya la Fama
Por cuantas villas Africa numera
Canta con voz los hechos pregonera.
XXXVII.
Fama aquella malvada se apellida
Que es veloz como igual no ha visto el cielo,
En su movilidad está su vida,
Y le crecen las fuerzas con el vuelo:
En los primeros pasos va encogida;
Luégo se alza ambiciosa: por el suelo
Humildemente rateando empieza;
Luégo esconde en las nubes la cabeza.
XXXVIII.
Llena de ardor contra los Dioses, creo,
La Tierra hubo á la Fama hija postrera,
Póstuma hermana á Encélado y á Ceo,
Agil de miembros y de piés ligera.
Cuantas plumas, enorme monstruo y feo,
Ciñendo al cuerpo va, ¿quién tal creyera?
Tantos debajo oculta ojos despiertos,
Tantas bocas y oidos siempre abiertos.
XXXIX.
Estridente en la sombra mueve el ala
De noche, y entre tierra y cielo vuela;
Nunca el sueño sus párpados regala!
De dia, misterioso centinela,
En techo ó torre altísima se instala,
Y asombro dando á las ciudades, vela,
Y con ardor igual, doquier que gira,
Divulga la verdad y la mentira.
XL.
Lo mismo ahora, ufana, diligente.
Mezcla verdades y ficciones vanas,
Y esparciéndolas vuela entre la gente
Corriendo las provincias comarcanas:
Que ha arribado, de Troya procedente,
Enéas á las playas africanas;
Que le acoge, y consiente en ser su esposa,
La soberana de Cartago hermosa;