Más: que olvidando públicos cuidados.
En la red del placer entretenidos,
Gozan los dias del invierno helados,
Por amor, lo que duren, encendidos:
La ímpia Diosa por campos y poblados
Va esto poniendo en bocas y en oidos,
Y al rey Yárbas torciendo, llega en breve,
Le inflama el alma, y á furor le mueve.
XLII.
Robó á la ninfa Garamanta un dia
Jove Amon; de éstos hijo Yárbas era;
El cual cien templos dedicado habia,
En los vastos dominios en que impera,
A su padre, y cien aras, donde ardia
Velador fuego que morir no espera:
El suelo en sangre víctimas coloran;
Tiernas guirnaldas el dintel decoran.
XLIII.
El rumor revolviendo que le aqueja
Yárbas allí, entre estatuas tutelares,
Gime alzando las palmas; ni se aleja
Sin fatigar con ruegos los altares:
«¡Oh Jove omnipotente, á quien festeja
Con obsequios del Dios de los lagares
La gente maura en recamados lechos!
¿Ves, dí, la iniquidad de humanos pechos?
XLIV.
»¿Ves? ¿Ó cuando á las nubes rompe el seno
El fuego, y tiembla el hombre, asombro es vano?
¿No es voz de tu furor el ronco trueno?
¿Ciegos salen los rayos de tu mano?
Vino aquí errante una mujer: terreno
Compró para ciudad pequeña: un llano
La dí que cultivado la abastase;
A su dominacion yo eché la base.
XLV.
»Y ella ayer desechóme por marido;
¡Ah! ¡y ella un huésped hoy sienta á su lado!
Y éste que unge el cabello y va servido
De eunucos, nuevo Páris, y el tocado
Meonio ciñe, en vergonzoso olvido,
Gozando libre está de un bien robado;
¡Y yo, que en darte culto no reposo,
Llevo infeliz renombre de dichoso!»