«¿Disimular ¡oh pérfido! esperaste
Tu malvada intencion, tu felonía?
¿Y tu nave en mi puerto imaginaste
Que en silencio las velas soltaria?
¿Cosa no habrá que á disuadirte baste?
¿Ni mi amor, ni la fe jurada un dia?
¿Ni reparar en Dido sin ventura,
Que por ti morirá de muerte dura?

LXII.

»¡Y que en lo crudo de hibernales meses
Quieras de presto aderezar tu flota!
¡Que tanto en levar ferro te intereses
Cuando más Aquilon la espuma azota!
Díme, cruel, si en lejanía vieses
No extraños campos, no ciudad ignota,
Mas renaciente á Troya, ¿á tus hogares
Cruzando irias procelosos mares?

LXIII.

»¡Huyes de mí! Mas nuestra union te pido
Que recuerdes; y este único tesoro
Que reservé, mi corazon herido,
Mírale aquí, y las lágrimas que lloro!
Si algo te merecí, si hallaste en Dido
Algo de amable, tu clemencia imploro!
¿Mi trono hundirse ves sin sentimiento?
¡Ah! ¡si áun vale rogar, muda de intento!

LXIV.

»Nómades reyes, gentes confinantes
Me odian por ti; mi pueblo me desama;
Por ti inmolé el pudor, y la que ántes
Me alzaba á las estrellas, limpia fama.
¡Oh huésped! en mis últimos instantes
Me abandonas; y ¿á quién? Mi voz te llama
Huésped; fuiste mi esposo. Mas ¿qué tardo?
¿Al extranjero ó al hermano aguardo?

LXV.

»¿Yárbas feroz, que mi persona aprese?
¿Pigmalïon, que mi nacion arrase?
¡Oh! ¡si ántes de esa fuga al ménos de ese
Amor alguna prenda me quedase:
Un tierno Enéas que en mi hogar corriese
Que en su rostro infantil tu faz copiase!
No tan desamparada me veria;
No fuera tan cruel tu accion impía!»

LXVI.