Ya la Fama fatídicos rumores
Va furiosa esparciendo en giro vago;
Todo es lamento y llantos y clamores;
Todo es alarma de espantoso estrago.
Parece cual si entrasen vencedores
La antigua Tiro ó la imperial Cartago,
O que incendio voraz llamas crueles
Tendiese por los altos capiteles.
CXXXII.
Oye el caso la hermana, y rostro y pecho
Desesperada hiere en modo rudo;
Al lúgubre lugar vuela derecho,
Y á Dido llama con lamento agudo:
«¡Y esto significaba el ara, el lecho!
¡Esto intentabas! ¡Y ofenderte pudo
Que te hiciese en la muerte compañía!
¡Tú me engañabas, ah! ¡yo te creia!
CXXXIII.
»¿Por que no me invitaste, á ley de hermanos?
¡Contigo á un tiempo con placer muriera!
No que hora abandonada ... ¡Y por mis manos
Yo propia, ¡ay infeliz! alcé esta hoguera!
¡Yo invocaba á los Dioses soberanos
Porque, espirando tú, yo léjos fuera!
¡Te perdí; me perdí: Pueblo, Senado,
Patria, todo lo hundí! ¡Nada ha quedado!
CXXXIV.
»Agua traed y lavaré la herida;
Yo sus heridas lavaré ... ¡Si errante
Vaga en su labio un hálito de vida,
Yo le recoja con mi labio amante!»
Ya en el estrado fúnebre subida
Tal dice, y á la hermana agonizante
Ella al seno fomenta entre gemidos,
Ella aplica á la sangre sus vestidos.
CXXXV.
Los mustios ojos con fatiga vana
Trata de alzar la moribunda Dido:
Fáltanle ya las fuerzas; sangre mana
Del pecho abierto con cruel sonido.
El codo apoya, y por alzar se afana
Tres veces, y tres veces sin sentido
Cae sobre el lecho. Con errante vista
Busca la luz, y al verla se contrista.