IV.
«¡Oh magnánimo Enéas! ¡oh rey mio!
No, si me enviase celestial consuelo
El mismo Jove, saludar confío
A Italia nunca con aqueste cielo.
¿No ves cómo del véspero sombrío
Los vientos se alzan, y en contrario vuelo
Vienen furiosos á estrellarse, y cómo
Condensa el aire cerrazon de plomo?
V.
»No es dado resistir ni ir adelante:
Lidiemos no con fuerza, mas con maña,
Cediendo á la Fortuna, que constante
Ruta nos marca á nuestro rumbo extraña:
Erice fraternal no está distante,
Si ya el catado cielo no me engaña;
Y así pronto, al torcer, será que veas
El sículo confin.» Respondió Enéas:
VI.
«Ya he visto al temporal que nos maltrata,
Eso pedir, y resistir tú en vano:
Rodeos tienta, á la Fortuna acata,
Y miremos al término sicano.
¿Y habria tierra para mí más grata
Que la en que reina Acéstes, nuestro hermano,
Y el caro genitor llorando yace?
Allá mi escuadra guarecer me place.»
VII.
Viró el piloto: céfiros que implora
Hinchen los lienzos, y la flota vuela:
Ya rauda hendiendo por el mar la prora
Al puerto arriba por que el nauta anhela.
Y á abordar acertaron á la hora
En que amiga vió Acéstes ser la vela
Que desde alto peñon léjos divisa,
Y al puerto, alborozado, baja aprisa.
VIII.
Á él, á quien Ninfa concibió troyana
Que el dios Crimiso requestó de amores,
Tornar á ver los huéspedes le ufana
Que ama fiel en amor de sus mayores.
Hórrido anda con piel de osa africana,
Pertrechado de dardos voladores;
Y en pompa agreste y rústico atavío
Hospedaje les brinda franco y pio.