XXXIX.

Los marinos con alto clamoreo
Hacen si al pronto yertos, de ferrados
Chuzos y picas oportuno empleo
Por desclavar los remos quebrantados.
Gozoso en tanto, á buen remar, Mnesteo,
Propicios ya los vientos y los hados,
Tiende el rumbo á do el piélago declina,
Y raudo y libre por el mar camina.

XL.

Cual vuela por el campo, alborotada
Con el pavor de súbito estallido,
La paloma que tiene en la albarrada
Su dulce imperio y su amoroso nido;
Bate sobre su rústica morada
Las plumas, al salir, con recio ruido,
Y despues remontándose en el cielo
Las alas tiende en silencioso vuelo:

XLI.

Así la Priste, que fatiga tanta
Tomaba forcejando la postrera,
Con ímpetu espontáneo se levanta
Y huyendo por las ondas va ligera.
Lo primero, á Sergesto se adelanta
Con su nave entre escollos prisionera,
Y allí haciendo le deja vanos votos
E ideando volar con remos rotos.

XLII.

Tras Gias sigue, y á su nao pujante,
Falta ya de piloto, desafía:
Vence; sólo Cloanto va delante;
Y vuela en pos, creciendo su osadía:
Redóblase la grita estimulante
De los espectadores, que á porfía
Roncos aplauden su feliz carrera,
Y los ecos en torno hinchen la esfera.

XLIII.

Los unos, que triunfantes se creyeran,
Ya en riesgo el triunfo, coronarlo ansían:
Incompleto, la palma no quisieran;
Completo, por la palma moririan:
Los otros eso mismo osan y esperan;
Porque triunfando van, triunfar confían,
Y pudieran juntándose ambas proras
Partir el premio á un tiempo vencedoras.