XLIV.

Mas á orar atinó de esta manera
Cloanto, ambas las manos extendiendo:
«¡Oh Númenes que el piélago venera,
Cuyos dominios con mi nave hiendo!
Si el triunfo me cumplís, en la ribera
Un blanco toro en vuestro honor ofrendo;
Tiraré sus entrañas á estos mares,
Y néctar bañará vuestros altares.»

XLV.

Dijo; y á par oyó de Forco anciano
La vírgen Panopea sus acentos;
Y el coro de Nereidas soberano
Condolióse en sus huecos aposentos:
Movió la nao Portumno con su mano,
Y fugaz como soplo de los vientos,
Y no ménos veloz que alada flecha,
El hondo puerto penetró derecha.

XLVI.

Los combatientes por sus nombres llama
Enéas, y sus triunfos galardona;
A voz de heraldo resonante aclama
Vencedor á Cloanto, y le corona:
Ciñe, en suma, á su sien la verde rama;
Y á cada nave tres becerros dona,
Y que lleven les da vino abundante,
O una pieza de plata á su talante.

XLVII.

Y á cada jefe añade su presea:
Clámide áurea al principal ofrece,
De púrpura ceñida melibea
Que en doble orla gira y la guarnece:
Retejido en el fondo la hermosea
De Ida el regio garzón, que allí aparece
La espesura cruzando nemorosa,
Y leves ciervos con el dardo acosa.

XLVIII.

Figúrase allí mismo en el momento
En que robado, al parecer, anhela:
La armígera de Jove al firmamento
Le arrebata feroz, y encima vuela:
Muestra uñas corvas la ave por el viento;
Viejos que hacen al niño centinela,
Tienden palmas al aire; el aire mudo
Hieren los canes con furor agudo.