LIX.
Dijo, y puestos eligen; y al instante
Que señal de partir dió la trompeta,
Cual ráfagas de viento resonante
De la raya mirando huyen la meta.
Niso, fuerte y veloz, sale adelante
Como alado relámpago ó saeta;
Corre Salio despues, distante empero;
Euríalo, lo mismo, va tercero.
LX.
Sigue á Euríalo Helimo en su carrera;
Á Helimo pié con pié sigue Dïores;
Ya, ya al hombro le hostiga, y si se abriera
Más campo á sus intrépidos furores,
Del que último volaba el lauro fuera
Ó en balanza quedaran los honores.
Ya el término llegando iban en suma,
Y el esfuerzo los músculos abruma.
LXI.
Hé aquí casi triunfante (¡infausto caso!)
En verde grama que la suerte quiso
Hubiese matizado humor escaso
De inmolados becerros, pisó Niso:
Tratara en vano de afianzar el paso
Titubeante en suelo húmedo y liso;
Llega veloz, veloz resbala, y todo
Tinto en sangre quedó, y envuelto en lodo.
LXII.
No allí Niso olvidó su amistad bella;
Mas álzase en el pérfido terreno;
Salio síguele incauto, se atropella,
Y yéndose de piés rueda en el cieno.
Euríalo veloz como centella
Adelante de todos, de ardor lleno,
Entre aplausos sin número se lanza,
Y, merced de amistad, el lauro alcanza.
LXIII.
Llega Helimo despues, y en fin Dïores.
Salio á engaño se llama, visto aquello;
Pide el prez, y á la flor de espectadores
Con su aplauso da en cara á voz en cuello.
A Euríalo protegen, sin clamores,
Virtud llena de gracia en rostro bello,
Virtud que encanta y pundonor que llora,
Y el sufragio de un pueblo que le adora.