LXXIX.
Y en simultáneo arranque de osadía
Ya éste en puntas de piés y aquél se adreza;
Los brazos uno y otro al aire envía,
Cautelosa hácia atras la alta cabeza:
Trábanse por las manos; á porfía
Crecen amagos, y la lucha empieza
Entre el púgil que mueve ágil la planta
Y el jayan que disforme se levanta.
LXXX.
Va el jóven en su edad esperanzado;
Fia el viejo en su mole, aunque flaquean
Las rodillas y el cuerpo treme helado;
Y ambos con vano afan tiran, golpean:
Hiérense aprisa al cóncavo costado:
Ronco el pecho resuella: menudean
Por orejas y sienes las puñadas:
Las mandíbulas crujen martilladas.
LXXXI.
Firme está Entelo; mas con pronta vista
Ve por do heridas, ladeando, ahorre;
El otro el campo mide, y por do embista
Entradas busca, á embestir acorre:
Tal tropa audaz, de máquinas provista,
Soberbio muro ó enriscada torre
Que medite arruinar, asalta, embiste;
Torna á atacar, y el torreon resiste.
LXXXII.
El brazo Entelo, amenazando estrago,
Alza descomunal; mas ve de arriba
Venir, Dáres, con tiempo, el fiero amago,
Y hurta el cuerpo veloz y el golpe esquiva:
Hirió el furioso combatiente en vago,
Y enorme por su peso se derriba,
Cual rueda hueco pino, dando espanto,
En bosques de Ida ó cumbres de Erimanto.
LXXXIII.
Levántanse ambos campos con rüido,
Y un grito al cielo lanzan simultáneo:
Acude Acéstes, viéndole caido,
A ayudar al amigo y coetáneo:
Surge él sin quiebra de ánimo ó sentido;
Antes fuego de cólera espontáneo
Arde en su pecho, el pundonor le pica,
Y el probado valor fuerzas duplica.