CXXXIX.

Consumó el sacrificio, y convocados
Sus amigos, Acéstes el primero,
Repite los oráculos sagrados
De su padre, de Jove mensajero;
La voluntad pronuncia de los hados
Y su propia intencion franco y sincero:
No hay á sus planes quien demoras teja;
Acéstes coronarlos aconseja.

CXL.

Madres se alistan que en los nuevos techos
Fundar asientos de familias deban:
Quédanse á par cuantos vulgares pechos
De grandes cosas ambicion no llevan.
Tostados bancos, mástiles deshechos,
Vuelan los otros á mudar; renuevan
Remos, jarcias, con mano diligente;
Número escaso, mas resuelta gente.

CXLI.

Marca el troyano Rey con el arado
De la ciudad el ámbito; sortea
Los solares del campo rodeado
Para edificios, y esto manda sea
Troya, y eso Ilïon. Alborozado,
Cordial troyano, Acéstes, á la idea
Del nuevo reino, tribunal y plaza
Designa, y al Senado fueros traza.

CXLII.

Luégo á Vénus Idalia, venerada
De su pueblo, en el vértice Ericino
Dedica, por pacífica morada,
Un templo de los astros convecino:
De Anquíses al sepulcro hace se añada
Culto, y ministro, y bosque peregrino;
Y banquetes ordena, y alegrías,
Y piadosos oficios nueve dias.

CXLIII.

Ya llegaba el momento: el Austro insiste
Convidando á la mar blanda y serena:
Alzase lloro femenil, y triste
La corva playa con lamentos suena:
En el abrazo último resiste
Amor á desatar dulce cadena:
Las madres mismas que la mar temian,
Ni áun la osaban nombrar, partir querrian.