CLIV.
Pone á los brutos el bañado freno,
Dales con fácil mano suelta brida,
Y por el mar, magnífico y sereno,
En su carroza va de azul teñida:
Tiéndese igual sobre el materno seno
Bajo el eje tonante la onda erguida,
Y cuanto nublo encapotó la esfera
Su fuga por los aires acelera.
CLV.
Acompañan en torno al Dios marino
Grandes cetos y rápidos tritones;
Glauco y su coro, y Palemon de Ino,
Y Forco y sus revueltos escuadrones:
Hienden á izquierda el reino cristalino
Las hijas de sus húmidas mansiones:
Talía allí, Cimódoce campea,
Tétis, Melite, y blanda Panopea.
CLVI.
En la mente de Enéas indecisa
Bullen en tanto imágenes amenas:
Manda arbolar los mástiles aprisa
Y las velas tender por la entenas:
No hay, lonas al izar, mano remisa;
Ya á este lado, ya á aquél las sueltan llenas;
Tuercen cabos, retuércenlos á una;
Mueve miéntras la escuadra aura oportuna.
CLVII.
Palinuro adelante firme guia
La flota, que á su espalda se aglomera:
Marchan, y á la órden obediente, fia
Cada nave en la nave delantera.
Casi la vaporosa Noche habia
Tocado á la mitad de su carrera;
Y al pié del remo, de temor seguros,
Duermen los nautas en los bancos duros.
CLVIII.
Dejó en esto las célicas regiones
Ligero un Sueño que las sombras hiende;
Mudo vuela, y fatídicas visiones
Trayendo, ¡oh Palinuro! á tí desciende:
Sentado en la alta popa, las facciones
De Fórbas toma, y seducirte emprende:
¡Mísero! que con voces de dulzura
Ya el falso diosecillo te conjura: