»Otro Janto, otro Símois, y otra hogaño
Campaña cual la griega rigurosa
Verás, que el Lacio cria ya en tu daño
Otro Aquíles feroz hijo de Diosa;
Ni faltará á tu gente en suelo extraño
De Juno el odio que jamas reposa;
Y en tanto, ¿qué ciudades, ni qué playas
Habrá, infeliz, donde á rogar no vayas?
XX.
»Y otra vez bodas en foráneo suelo
Llorarán los Troyanos; y esa esposa
¡Cuánto traerá de afan! ¡cuánto de duelo!
¡A ti y á tus vasallos cuán costosa!
Tú, hasta do el hado sufra, insta en tu anhelo,
Y lograrás, mudanza milagrosa,
Que ántes que no otra, á próspero destino
Una griega ciudad te abra camino.»
XXI.
Tal desde su antro la Sibila fiera,
Con voz que infunde admiracion y espanto,
Hechos desvuelve, edades acelera,
Y en sombras la verdad brilla en su canto;
Tal de su labio el ímpetu modera
El Dios que el corazon le aguija en tanto;
Mas serenada al fin su ira espumante,
A hablarle torna el héroe suplicante:
XXII.
«Áun no me has anunciado ¡oh vírgen! nada
Ó nuevo ó imprevisto de mi vida.
Mas oye: si hay aquí al Averno entrada,
Si aquí está la laguna tan temida,
Con sobras de Aqueronte sustentada,
Concede que un favor solo te pida:
Mi padre anhelo ver; guia mi planta,
Y dígnate de abrir la puerta santa.
XXIII.
»¡Mi padre! Yo de en medio al enemigo
Entre llamas y dardos libertélo;
Yo le puse en mis hombros, y él conmigo
Fué dándome doquier fuerza y consuelo:
El fué en mis viajes mi mejor amigo;
El los rigores de la mar y el cielo
Con generosas muestras de osadía,
Milagrosa en su edad, llevar solia.