Tantas sombras al ver en larga hilera
Enéas, conociéndolas, suspira;
Mas á izquierda y derecha se aglomera
La multitud, que con pasion le mira;
Ni á su curiosidad satisficiera
Mirarle sólo, á detenerle aspira,
Y mil ánimas llegan voladoras
Con sus preguntas á tejer demoras.
C.
Entanto viendo al héroe, y la armadura
Del héroe, que cruzando centellea
El vacuo espacio de su estancia oscura,
Tiemblan los cabos de la gente aquea:
Tratan unos de huir, cual con pavura
Ya al mar lo hicieron en campal pelea;
Gritan otros, y á médias sólo acierta
Clamor tenue á exhalar la boca abierta.
CI.
Sigue; y hé aquí, las manos mutiladas,
Llagado el cuerpo y con la faz hendida,
Ambas sienes de orejas despojadas,
Y rota la nariz con torpe herida,
Deífobo se ofrece á sus miradas;
Y al ver que triste, avergonzado cuida
De ocultar de su afrenta las señales,
Hablóle en tono amigo y voces tales:
CII.
«¡Valeroso Deífobo, esperanza
De Troya, hijo de reyes! ¿Quién fué osado
En tí á ejercer insólita venganza?
¿Quién consumó tan bárbaro atentado?
Oí que de combate y de matanza
Aquella horrenda noche tú cansado,
Sobre enemigos que humilló tu acero
Caido habias á morir postrero.
CIII.
»¡Mísero amigo! yo en la playa nuestra
Te alcé entónces funéreo monumento
Que áun hoy tus armas y tu nombre muestra
Tres veces te llamé con alto acento.
Mas ¡ay! ni verte pude, ni mi diestra
En suelo de la patria acogimiento
Mullir á tu ceniza.» Enéas dijo;
Y de Príamo así respondió el hijo: