«Tú hiciste tu deber; yo estoy pagado
Y agradecido estoy. Suerte inhumana
Es la que me hunde en tan horrible estado
Y el crímen de la pérfida Espartana:
¡Éste, éste es de la pérfida el legado!
Recordarás en la alegría insana
Que pasámos la noche postrimera;
¿Quién no ha de recordarlo aunque no quiera
CV.
»Entónces, cuando el monstruo de madera
De armas grave los muros dividia,
Hembras ella ordenaba la primera
En libre danza y bulliciosa orgía;
Y una antorcha blandiendo traicionera
Con que iba en torno al coro, falsa guia,
De la alta torre en nuestro daño ¡ay ciegos!
Señas hacía á los atentos Griegos.
CVI.
»Yo en mi tálamo infausto, sin cuidado
Ya al cansancio buscando dulce olvido,
Caí en brazos de un sueño regalado
A una plácida muerte parecido.
Mi noble esposa al punto de mi lado
Las armas de mi estancia sin rüido
Aleja: de mi lecho á la testera
Ella mi espada hurtó, fiel compañera;
CVII.
»Las puertas abre, y obsequiosa llama
Á Menelao, por si de mal la eximen
Crímenes nuevos, y la negra fama
A absolver bastan del antiguo crímen:
El Eólida á par, que ardides trama,
Acude: salvan de mi alcoba el límen ...
¡Dioses, si justas súplicas os mueven,
Lo que entónces probé los Griegos prueben!
CVIII.
»Mas ¿á qué me detengo en mis pesares?
Tú aquí, es posible? y con vital aliento?
¿Juguete de los vientos de los mares
Vienes, ó por divino mandamiento?
¿Qué toques de fortuna singulares
Te traen, el profundo apartamiento
A visitar de la region sombría
Que nunca vió la claridad del dia?»