»Vi allí tambien yacer, de angustias lleno,
Á Salmoneo, por su error insano,
Que de Jove el relámpago, y el trueno
Quiso imitar de Olimpo soberano:
De cuatro brutos gobernando el freno
Y antorchas sacudiendo con su mano,
A Elis cruzó, y en su triunfal camino
Culto pedia como á sér divino.
CXX.
»Fingir quiso el demente (¡mal pecado!)
Al sentar de sus potros con rüido
Los cascos, con el bronce golpeado,
Inimitable luz, sacro estampido:
Envuelto Jove en lóbrego nublado
Venablo duro le lanzó ofendido,
No humosa tea ni exhalada llama,
Y á la sima arrojóle donde brama.
CXXI.
»Yugadas nueve allí cubriendo yace,
Alumno de la Tierra creadora,
Ticio: el hígado eterno le renace,
Pasto al buitre cruel que le devora,
No le consume, y sus entrañas pace
Y fiero en lo hondo de su pecho mora:
Ni el corvo pico en el roer se amansa,
Ni de brotar la víscera se cansa.
CXXII.
»¿Qué, si á Ixïon y Piritoo á cuento
Trajese? ¿ó los que roca ven colgante
Pronta siempre á caer? Áureo aposento,
Regalado festin miran delante;
Mas la Furia mayor vela de asiento
Al lado, y como alguno se levante
Las mesas á tocar, corre, y vocea,
Y airada amaga con su horrible tea.
CXXIII.
»Allí gimiendo están los que al hermano
Profesaron, en vida, odio demente;
Los que hicieron ultraje al padre anciano,
Los que en fraude envolvieron al clïente;
Allí los solitarios que, la mano
Cerrada siempre al mísero pariente,
Sobre el oro enterrado hicieron nido:
Infame grey en número crecido.