»Y allí aguardan castigo los que amores
Adúlteros pagaron con la vida;
Los que hicieron traicion á sus señores;
Los que en guerra se alzaron fratricida:
No cures de su pena los horrores
Ni las causas saber de su caida.
Quién vuelca enorme risco; atado esotro
Gira en rueda veloz, su eterno potro.

CXXV.

»Está sentado y en perpétuo duelo
Teseo lo estará.—¡Mirad si presta
La justicia ultrajar, reir del Cielo!
Flégias clamando á todos amonesta
Entre las sombras. El nativo suelo
Este por oro enajenó, funesta
Tiranía elevando: esotro puso
A precio de la ley uso y desuso.

CXXVI.

»Y áun hubo ya con ciego desatiento
Quien de su hija el tálamo invadiera.
Todos formaron criminal intento
Y corona ciñeron en su esfera.
No si cien bocas yo, si lenguas ciento
Tuviese y férrea voz, contar pudiera
Las especies sin fin de los delitos,
Los nombres de las penas infinitos.»

CXXVII.

Así la anciana profetisa habia
Hablado, y «¡Sús!» añade: «hora es preciso
Que el paso abrevies, y por esta via
Á cumplir tu deber vayas sumiso:
Los muros que los Cíclopes un dia
Sacaron de su fragua, allá diviso;
Ya, bajo el arco que se eleva enfrente,
Las puertas veo de Pluton potente.

CXXVIII.

»Vé; obsequios debes al dintel frontero.»
Tal dijo, y con el héroe se adelanta,
Y el intermedio espacio, y el sendero
Sin luz, dejan atras con ágil planta.
Acércanse á las puertas: él primero
Entra el zaguan; con gotas de agua santa
Casto los miembros á rociar atiende,
Y el áurea rama en el portal suspende.

CXXIX.