Puesto el dón á la Diosa, y alongados
Del sitio, ya pisaban los amenos
Jardines y los bosques fortunados
Donde con grande paz moran los buenos:
Abrense allí sobre inocentes prados
Tintos en rósea luz cielos serenos;
Regiones siempre iguales, siempre bellas,
Tienen su sol y tienen sus estrellas.
CXXX.
Aquéllos juegan en verjel florido;
Éstos combaten en la roja arena;
Otros saltan en coros, y el sonido
De sus cantos el ánimo enajena:
El tracio vate, con talar vestido,
Los siete tonos de su lira suena,
Moviendo acordes con su voz canora
Ya el plectro de marfil, los dedos ora.
CXXXI.
Brilla de Teucro allí la estirpe clara
Robustez ostentando y lozanía:
Egregios héroes á quien ver tocara
En siglo más feliz la luz del dia.
A Ilo, á Asáraco, á Dárdano repara
Autor de la troyana monarquía,
Enéas, y armas léjos ve, y baldíos
Carros que honraron ya marciales bríos.
CXXXII.
Hincados por el campo ve lanzones,
Y que arrogantes la verdura pacen
Por acá y por allá sueltos bridones.
¡Oh! los que en mundo subterráneo yacen
No renuncian sus viejas aficiones:
Armas y carros sus delicias hacen
Si armas, carros amaron: cuidan fieles,
Si los criaron ya, régios corceles.
CXXXIII.
Luégo, á izquierda y derecha, ve adelante
Los que á dulces festines se abandonan
Tendidos en la hierba verdeante;
Los que en honor de Apolo himnos entonan
Intrincando los pasos en fragante
Bosque, á quien cimas de laurel coronan,
Donde brota y por selva ámplia y risueña
Erídano soberbio se despeña.