»Tulo va en pos, que moverá á pelea,
La paz quebrando, á ejércitos vecinos
Ya al prez no usados que el valor granjea;
Y Anco despues, que áun hoy en sus caminos
El aura popular vano desea.
¿O quieres ver los príncipes Tarquinos,
De Bruto vengador el alma fiera
Y los fasces que al pueblo recupera?

CLXV.

»Bruto duras segures el primero
Cobrará, y el honor del consulado;
Y al ver que nuevo plan traman guerrero,
El, de la bella libertad prendado,
Muerte á sus hijos mandará severo.
En él vencieron (¡padre infortunado!),
Cualquier fallo que espere á su memoria,
Amor de patria y ambicion de gloria.

CLXVI.

»Brillar Decios y Drusos vé lejanos;
Torcuato, que levanta el hacha impía;
Camilo, que del triunfo, con romanos
Rescatados pendones, se gloría.
Esas dos almas que cual dos hermanos
En sombra armadas ves, rayando el dia
¿Qué guerra no se harán? ¡Cuánto de estragos!
¡Qué grandes huestes y sangrientos lagos!

CLXVII.

»De los Alpes el suegro se abalanza;
Convoca sus legiones de Orïente
El enojado yerno á la venganza.
¡Hijos! ¡no hirais el seno á la inocente
Patria! ¡no eterniceis bárbara usanza!
¡Tú, el primero, de Olimpo procedente,
Oh sangre mia, de rencores libre,
No ya esa arma cruel tu mano vibre!

CLXVIII.

»Aquél, cuando á Corinto á su talante
Haya tratado y al orgullo aquivo,
Al Capitolio correrá triunfante;
Éste, el país de Agamemnon nativo
Subyugará, y en Pérses arrogante
Verá á un nieto de Aquíles fugitivo:
Tales desquites á Ilïon reserva
Y al profanado templo de Minerva.

CLXIX.