LXV.

»De Tiro vino huyendo del hermano,
La que reina hoy aquí, por nombre Dido.—
El largo drama á desflorar me allano:—
Esta tuvo á Siqueo por marido,
Rico en tierras cual no otro comarcano;
Con vivo amor de la infeliz querido;
A quien, bella con gracias virginales,
La unió el padre en primeros esponsales.

LXVI.

»Su hermano en Tiro entónces dominaba,
Pigmalïon, el más feroz malvado:
Enemistad entre los dos se traba,
Y él á Siqueo, ante el altar sagrado,
Sacrílego y traidor á hierro acaba,
Y tambien de codicia estimulado;
Y á la sencilla enamorada hermana
Oculta el crímen de su diestra insana.

LXVII.

»Y con ficciones la entretiene en duda,
Y su amor de esperanzas alimenta;
Cuando en sueños por fin á la vïuda
De Siqueo insepulto se presenta
La sombra misma, alzando la faz muda
Con tétrico misterio macilenta;
Y el ara le señala enrojecida,
El pecho abierto y la profunda herida.

LXVIII.

»Y el arcano espantoso que contrista
Y un rincon recataba, muestra entero;
Y la excita á buscar con planta lista
Más humano país, clima extranjero:
Para ayuda de viaje, abre á su vista
En sótano ignorado, de dinero
Antiguo y vasto acopio. Conmovida
Dido despierta á apercibir la huida.

LXIX.

»Busca auxiliares; llegan á porfía
Quiénes que temen del cruel tirano,
Quiénes que odian la infame tiranía;
Apañan, cargan de oro las que á mano
Naves dispuestas por ventura habia;
Y ya cruza los campos de Oceano
De Pigmalion avaro la riqueza;
Y una débil mujer va á la cabeza.