CXX.

Recobrada, expresó razones tales:
«¡Oh! ¿qué impía mano perseguirte osa
Al traves de contrarios temporales?
¿Quién, ilustre mortal, hijo de Diosa,
Á estas playas te impele inhospitales?
¿No eres tú á quien de Anquíses Cipria hermosa,
Del frigio Símois en el valle ameno,
Concibió grata en su amoroso seno?

CXXI.

»Recuerdo á Teucro, que en Sidon venido,
Trocaba con destierro el patrio clima,
Ya de mi padre Belo protegido,
Que imperaba triunfante en Chipre opima.
Troya y Grecia de entónces en mi oido
Sonaron con tu nombre. En alta estima
El tenía á los tuyos, si contrario,
Y áun de Troya alabóse originario.

CXXII.

»¡Mas venid luégo á mi real morada,
Mancebos! Cual vosotros combatida
De ruda suerte y vária, al fin cansada,
Donde agora os la doy, logré acogida
De mis propias desgracias enseñada
Miro por los que sufren condolida.»
Dice; y honrando á la Piedad divina,
Con el héroe á palacio se encamina.

CXXIII.

Y próvido tendiendo el pensamiento
Á los que quedan en la playa, envía
Veinte toros allá, por bastimento,
Cien gruesos cuerpos de cerdosa cria,
Y cien ovejas y corderos ciento;
Y el dón de alegre Dios, por granjería;
En tanto que el palacio se adereza
Con vario alarde de imperial riqueza.

CXXIV.

Ya en el seno interior del edificio
Previénese el opíparo convite:
Lucen vestes, do el clásico artificio
Con la soberbia púrpura compite;
Brilla de plata sólido servicio,
Y copas de oro, do el buril repite
Desde era inmemorial las patrias glorias,
Y los Reyes en serie, y sus historias.