CXXV.
En este medio Enéas (no tolera
Amor, pecho de padre sosegado)
A Acátes manda que en veloz carrera
Lleve á Ascanio el obsequio, y á su lado
Venga Ascanio;—que Ascanio cobra entera
La ternura del padre y su cuidado,—
Y traiga cuanta rica prenda y joya
A los escombros se arrancó de Troya.
CXXVI.
Acuérdale la veste de oro llena,
Con sólidas figuras y labores,
Y el rico velo de la argiva Elena
Que de amarillo acanto esmaltan flores;
El mesmo que ella, de rubor ajena,
Volando en pos de ilícitos amores,
Dón de Leda su madre peregrino,
Trujo de Grecia cuando á Troya vino.
CXXVII.
Reliquias con que á par venir dispone
El noble cetro que regir solia,
Hija mayor de Príamo, Ilione,
Y el collar de menuda pedrería,
Y el diadema do el oro se compone
Con finas perlas en igual porfía.
Acátes, que cumplir el cargo anhela,
Camino de las naves corre, vuela.
CXXVIII.
Nuevas trazas en tanto Citerea,
Nueva industria medita: que Cupido
Tome de Ascanio la figura, idea,
Y que, atenta al obsequio, obsequie á Dido;
Con que tocada de un incendio sea
Que el corazon le invada inadvertido;
Ca ese mixto hospedaje bajo un techo
Teme, y dos amistades en un pecho.
CXXIX.
Y, á su idea presente sin desvío
Juno cruel que la robara el sueño,
«Tú á quien debo mi fuerza y señorío,»
Dice, humilde apelando á Amor risueño:
«Tú, el único que ves, dulce hijo mio,
Libre y seguro de mi Padre el ceño
Que de Titanes quebrantó el arrojo!
Merced vengo á pedir, y á tí me acojo.