CXXXV.
En tanto de Cartago en seguimiento,
Obediente de Vénus al mandado,
Cupido va con dones opulento,
Con el favor de Acátes bien hallado.
Cuando llegado hubieron, fué el momento
En que en el centro de grandioso estrado
Dido en cojines recamados de oro
Se reclinaba con gentil decoro.
CXXXVI.
Enéas, que tras ella se avecina,
Entra, y con él la juventud troyana,
Que en órden se desparte, y se reclina
En muelles lechos de soberbia grana.
Agua da para manos cristalina
La servidumbre, y de suave lana
Toallas brinda, y de la rubia Dea
El dón en canastillos acarrea.
CXXXVII.
Cincuenta esclavas dentro, los manjares,
Puestas en fila, en sazonar se emplean,
Y con incienso en propiciar los Lares;
Copas ministran, viandas acarrean
Otras cien, y en la edad cien mozos pares.
Entran, llamados, Tirios que pasean
Densos en los alegres corredores,
Y los lechos ocupan de colores.
CXXXVIII.
Admiran de los dones la hermosura,
Admiran al garzon, su faz que brilla,
Y de su falsa labia la dulzura;
Ven la áurea veste, el oro que amarilla
La flor de acanto con primor figura:
Mas Dido en especial se maravilla,
Y de gozar no acaba;—ella, ¡ay! no sueña
Que á un abismo, gozando, se despeña!
CXXXIX.
Y en el niño y los dones se recrea,
Los mira, y cuanto mira, eso se inflama.
¿Qué hace el rapaz? Al cuello se rodea
Del héroe, que en su error hijo le llama;
Mas luégo que feliz le lisonjea,
Déjale en paz, y con su activa llama
Va á Dido, que en su error, niño inocente
Jovial le invita con risueña frente.