CXL.
¡Ay! ya al seno le estrecha dulce y blanda,
¡Y es un gran Dios lo que en su seno anida!
De la Reina en el seno, lo que manda
La gran Diosa, su madre, Amor no olvida:
De Siqueo la imágen veneranda
Sin sentir borra, y sin sentir convida
Con nuevo halago á nueva lid á un alma
Que retirada há tiempo vive en calma.
CXLI.
Hubo el primer banquete terminado,
Y la mesa se sirve de licores,
Y festejan el vino regalado
Los hondos vasos adornando en flores.
Cien arañas del áureo artesonado
Penden: crecen sonando los clamores;
Y las hachas con luces triunfadoras
Quitan el campo á las nocturnas horas.
CXLII.
En este instante la sidonia Dido
La copa demandó que usar solia
Belo, y que en órden desde allá traido
Cada progenitor usado habia:
Copa del oro sustentada, unido
Con finas piedras en igual porfía;
Y de vino la llena, y al momento
Calla el concurso á su palabra atento:
CXLIII.
«¡Júpiter! si ya diste á los humanos
De la hospitalidad el sacro fuero,
Haz este dia á Tirios y á Troyanos
Grato por siempre y de felice agüero!
Lo aplaudan nuestros nietos más lejanos:
Benigna Juno y Baco placentero
Lo honren presentes; y en gozoso grito,
Tirios, á saludarlo ahora os invito.»
CXLIV.
Dice; y sobre la mesa el néctar liba
Que generoso desbordaba, y luégo
La taza al labio toca fugitiva:
La alarga á Bícias con señal de ruego;
Toma, empínala él con ánsia viva,
Y el espumoso vino agota ciego:
Alzan todos los próceres sus copas,
Y el canto empieza del crinado Yópas.